SALUD MENTAL Y JÓVENES: LA NUEVA ESCUELA QUE NECESITAMOS.
- Cristina Cruz Cruz
- 14 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 14 oct 2025
En México, hablar de salud mental ya no es opcional: es una urgencia. Las y los jóvenes viven una época marcada por la incertidumbre, la sobreexposición en redes sociales, la presión académica y, muchas veces, la falta de espacios seguros para expresarse. En medio de este contexto, la escuela puede y debe convertirse en un refugio, no solo en un aula.
Los datos son contundentes. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete adolescentes entre 10 y 19 años vive con un trastorno de salud mental, lo que representa alrededor del 15 % de la carga total de enfermedades en esta etapa de la vida. Los problemas más frecuentes son la depresión, la ansiedad y los trastornos de conducta, y muchos jóvenes no reciben la atención oportuna que necesitan.
En México, estos desafíos también se reflejan en las aulas: cada vez más estudiantes reportan síntomas de estrés, desmotivación o tristeza persistente. Pocas veces, sin embargo, se habla de cómo la escuela puede ser parte activa de la prevención.
En este sentido, el nuevo Plan Integral del Sistema Nacional de Bachillerato, anunciado recientemente por la presidenta Claudia Sheinbaum, representa una oportunidad histórica. Este esfuerzo, que forma parte del fortalecimiento de la Nueva Escuela Mexicana, busca ampliar la cobertura con la creación de 200 mil nuevos lugares en preparatorias y unificar los sistemas de educación media superior en todo el país. Pero más allá del acceso, el gran desafío es lograr que este nuevo modelo incorpore la salud mental como un eje transversal del aprendizaje.
Hoy sabemos que un joven emocionalmente acompañado aprende mejor, abandona menos la escuela y tiene más herramientas para enfrentar la vida. La prevención de los problemas de salud mental no solo depende de los hospitales o las campañas, sino también de los entornos educativos. Necesitamos aulas donde se pueda hablar del estrés, la frustración o la ansiedad; docentes con formación en acompañamiento emocional; orientadores escolares con presencia constante; y actividades culturales, artísticas y deportivas que fortalezcan el sentido de pertenencia.
En consonancia con los principios de la Nueva Escuela Mexicana, que pone el bienestar integral y la formación socioemocional en el centro del aprendizaje, fortalecer estos espacios no es un lujo, sino una condición indispensable para el desarrollo integral de nuestras juventudes.
Además, la colaboración entre los sectores de salud, educación y comunidad puede garantizar que ningún estudiante se quede sin ayuda cuando la necesite. La escuela puede y debe ser el primer espacio de prevención, donde el cuidado emocional sea tan importante como la asistencia o la calificación.
La salud mental no puede seguir siendo un tema secundario en las políticas públicas. Apostar por el bienestar emocional de la juventud es invertir en la estabilidad social, en la productividad, en la paz. No hay desarrollo posible sin salud mental.
Por eso, el llamado es claro: que la Nueva Escuela Mexicana no solo enseñe matemáticas o ciencias, sino también empatía, autocuidado y respeto. Que la educación forme corazones fuertes, no solo mentes brillantes. Porque el futuro de México depende, en gran medida, de que nuestras y nuestros jóvenes aprendan a cuidarse, a pedir ayuda y a sentirse escuchados. Y eso también se enseña en la escuela.










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